Visión y relación con el entorno

Nuestra visión, que habitualmente valoramos únicamente como la capacidad de leer unas letras negras sobre un fondo blanco, es un proceso de gran complejidad.

Solo con abrir los ojos y mirar de frente sabemos la localización de los objetos en el espacio a nuestra derecha o izquierda, por encima o por debajo de nuestra cabeza, nos lo indica la posición en que nuestra retina percibe un objeto con respecto al centro de la mirada y también según el esfuerzo que realizan nuestros musculos extraoculares para mirar a un punto determinado.

Somos capaces de saber si el objeto está más cerca o mas lejos según la convergencia o divergencia de nuestros ejes visuales al mirarlo.

Somos capaces de valorar la velocidad con la que un objeto se mueve, y nuestra mirada sigue a la perfección los movimientos de una hormiga en suelo, Son los ojos los que indican a nuestra mano que distancia ha de desplazarse exactamente para coger un cubierto en la mesa o servir agua, y también los que nos permiten calcular cuanto tiempo tarda un coche en alcanzar nuestra posición.

Nuestros ojos nos indican si algo está en posición vertical, o esta inclinado. 

Los se posicionan mediante una discreta torsión contrarrestando la inclinación de la cabeza, pero si un ojo tiene un problema en su movimiento torsional, será la cabeza la que se incline hasta colocarse de forma que el ojo vea los objetos verticales en la posición correcta dando lugar a una tortícolis.